PÁGINAS

Campoamor

 Octubre 2015




Solemos ver y admirar, a lo largo y ancho de nuestra geografía, en grandes ciudades o pequeños pueblos, las edificaciones de las iglesias que se han ido construyendo con el paso del tiempo.
Nos llenan de asombro sus proporciones, su majestuosidad, el arte encerrado en ellas, y sobre todo, las dificultades para su construcción en tiempos pretéritos en los que no se contaba con los medios técnicos y mecánicos de hoy día.
El barrio donde nací estaba alejado de la única iglesia católica del pueblo abierta al culto, San Pedro Apóstol. Cuando yo contaba dos años de edad, decidieron erigir un nuevo templo en ese barrio. Puedo decir con propiedad que crecí con él, le vi hacerse mayor conmigo, y conocí y conozco, porque aún viven, a albañiles que trabajaron en su construcción.
De ese templo y lo que dentro de él se atesora voy a escribir en esta página de historias de mi pueblo.

 Tenemos que remontarnos atrás en el tiempo para entender la necesidad de ese nuevo templo.
Nuestra villa había crecido alrededor de la iglesia de San Pedro Apóstol, en el barrio del Ranero, con el Ayuntamiento enfrente, y la calle Mayor que era al mismo tiempo la carretera Nacional Barcelona-Andalucia. También habían ido progresando las calles paralelas, como Carros y Ramón y Cajal, junto a la Plaza del Convento, y el promontorio donde se asentaba la ermita de San Roque.

 La construcción del trazado ferroviario y de la estación de la M.Z.A. en 1.862 dirección Madrid-Cartagena, y el enlace con la compañía del ferrocarril de Alcantarilla-Lorca con la estación de Campoamor, cortaban la carretera con dos pasos a nivel de barreras, casi unidos, obstaculizando la ampliación de la población hacia la parte oeste.
 


Alcantarilla siempre había sido un importante nudo de comunicaciones desde el tiempo de la dominación romana, lo que propició que desde principio del siglo XX se iniciara el asentamiento de empresas de nueva creación, como era la conserva de frutas, y también de turrones, chocolate, dulces, etc., que veían fácil su distribución por el ferrocarril.

 Las fábricas de conserva precisaron envases de madera y otras industrias auxiliares, que también se instalaron aquí. Todas estas nuevas empresas precisaron de una mano de obra que hubo de venir de otros lugares a aposentarse aquí. Y con la seguridad de un trabajo estable, comenzaron lentamente a construir viviendas en esa zona oeste que estaba sin roturar, sobre todo en las márgenes de la avenida Reyes Católicos (carretera Barqueros), y en la calle La Fuente (entonces llamada Bernal por el promotor que la creó, Don Damián Bernal, y que fue el primero en darle al barrio el nombre de Campoamor, homenajeando al político y dramaturgo Don Ramón de Campoamor y Camposorio).
Aún habría de ser más conocido nuestro pueblo en el exterior al instalarse en su término el Ejército del Aire en agosto de 1936, por el mando republicano, con sus parques y talleres cerca de la estación de ferrocarril para poder reparar sus aviones bombarderos, y desplazarlos hasta el aeródromo a través de la calle San Pablo. Terminada la contienda, en Agosto de 1939 se creó el arma de Aviación y se continuó la actividad en el mismo aeródromo, además de crear los talleres del Camino de los Romanos como parque de automóviles.
Pasados unos años, en 1947, se crearía la Escuela Militar de Paracaidistas ubicada en el citado aeródromo.
Nuestra villa llegó a tener tal peso a nivel regional que, siendo presidente de la Diputación Provincial de Murcia D. Agustín Virgili (de 1948 a 1957), se llegó a anunciar la construcción del aeropuerto comercial “La Cierva Codorniú”.




Todos estos factores propiciaron un aumento de población en la parte oeste, paso a nivel hacia arriba, “llegando a superar las 6500 almas” en palabras de Don Lorenzo Pastor, párroco de San Pedro.
Esto motivó que las autoridades eclesiásticas crearan una nueva parroquia en el año 1950. Hasta ese momento, los sacerdotes de San Pedro subían todos los domingos y fiestas de guardar, y celebraban en una nave cedida por los dueños del Molino Deseco (posteriormente Furfural Español, ahora jardín de las Tres Culturas).
Pasaría un año hasta que en la primavera de 1951, siendo alcalde Don Fulgencio Pérez Almagro, el Ayuntamiento destina unos terrenos para el templo, y se coloca la primera piedra del mismo.

 En Octubre de ese mismo año es destinado como cura ecónomo el joven sacerdote Don Pedro Pérez García, que fue acogido provisionalmente en casa de la Tía María “la Yerbera”, en la carretera de Barqueros (avenida Reyes Católicos), muy cerca de donde se instaló provisionalmente la parroquia, en un local de cine de verano, hasta que en julio de 1952 se pudo trasladar nuevamente la parroquia, también de modo provisional, al local que hasta el año 1999 conocimos como Guardería Infantil.

 Desde la llegada de este sacerdote, y ante su iniciativa de erigir un templo a imagen de la Basílica de San Pablo extramuros de Roma, el entonces Delegado del Tribunal Titular de Menores, Don Santos Gómez Ruiz, no duda en donar más de 10.000 metros cuadrados de su propiedad, iniciándose las obras a partir de ese momento, pero no en el lugar donde se colocó la primera piedra, sino 150 metros más hacia el pueblo.

 El templo, que en un principio iba a ser dedicado a San Pancracio, finalmente lo fue a la Asunción de la Virgen, al haber sido declarado por el Papa Pio XII en 1950 el dogma de la Asunción de María a los cielos. San Pancracio quedó como cotitular y patrón de Campoamor. Los planos fueron obra del aparejador Ramón Baguena, suboficial del Ejército del Aire.

 En el otoño de ese mismo año, Don Pedro moviliza al barrio para organizar una cofradía de Semana Santa, siguiendo la línea de aquel momento de creación de nuevas Hermandades. Confiaron la construcción de un crucificado al escultor de Espinardo, Don José Noguera Valverde, y su coste se fijó en 10.000 pesetas.
El trono con varas lo construyó el artista local Don Fernando Ortuño Alburquerque.
Esta procesión, llamada del Silencio, con el crucificado Cristo de la Buena Muerte, salió por primera vez el Miércoles Santo de 1953 a las 12 de la noche. El año siguiente y hasta hoy lo haría a las 10 de la noche.





El día 1 de abril de 1955 se realizó esta fotografía en el taller del escultor, de donde se retiró terminada la imagen del Cristo de la Buena Muerte que procesionaría a partir de esa Semana Santa. Esta sería la talla en madera definitiva, ya que la que había desfilado en las procesiones de 1953 y 1954 era el modelo en escayola que le serviría al escultor para el trabajo definitivo.

 La construcción del templo fue avanzando a través del tiempo, con aportaciones populares, no solo de las gentes de la parroquia y del pueblo. Don Pedro escribía y solicitaba ayuda a toda España, y de todas partes la recibía.




En 1956 se inicia la construcción del Altar Mayor, obra del orfebre Sr. Onico, y su elaboración dura todo el año.
En noviembre comienzan los trabajos de pinturas en el interior del templo. Los frescos que adornan la bóveda superior, así como la del Altar Mayor, son realizados por artistas valencianos, con la colaboración de alumnos de la Escuela de Artes y Oficios de Murcia, bajo la dirección de Don Rafael Cardells, y se prolongaron hasta mediados de 1957. 






El Sábado Santo de 1957 se celebran por primera vez bautizos en el nuevo templo, y el día de la Ascensión tiene lugar la celebración de la Primera Comunión por primera vez, con sesenta y siete niños y niñas.

En Julio se instala en su peana la imagen de la Santísima Virgen, realizada por el escultor valenciano José Dies, con un coste de 18.000 pesetas


En Noviembre vendría a acompañarle en el altar la imagen de San Pancracio, talla en madera realizada por el escultor Don Fernando Ortuño Alburquerque. El coste de esta nueva imagen (15.000 pesetas) fue sufragado por Don José Ballester, propietario de la anterior imagen.

 El templo fue consagrado y bendecido por el obispo de la diócesis el 17 de mayo de 1958. Aún faltaban las losas de mármol para el suelo.

 La imagen que faltaba para completar el Altar Mayor llegó el día 1 de Mayo de 1961, día de su onomástica, San José Obrero. Había sido encargada al mismo artesano que realizó la imagen de la Virgen, Don José Dies, y tuvo un coste de 9.900 pesetas.


Fiel a su tarea de dotar el templo de todo ornamento que le embelleciese, Don Pedro encargó al pintor Don Antonio Hernández Carpe, del vecino pueblo de Espinardo, y con estudio en Madrid, la construcción de un monumental Vía Crucis en mosaico. Con aportaciones de los fieles, y como siempre, de toda persona e institución, tanto local como provincial y nacional a la que Don Pedro llamara, fue costeada esta maravillosa obra, con un importe total de 300.000 pesetas. Fue bendecida el Miércoles de Ceniza del año 1964. Con este motivo se editó un Vía Crucis tamaño bolsillo con reproducción de las estaciones y textos de Don Pedro, que se hizo muy popular.





Las tarjetas postales de los años 60 y 70 incluyeron diversas vistas del templo, siendo una de ellas la de la fachada exterior, donde se puede admirar también el monumento que se erigió a la Inmaculada Concepción, que años más tarde sería trasladado a un lateral de la plaza.

 En el mes de septiembre de 1965, Don Pedro Perez García, el primer párroco y constructor de este bello templo, fue destinado a otra parroquia en la capital. Falleció el 19 de noviembre de 1992. En diciembre de 1994 se colocó una placa en el interior del templo, sobre una de las pilas de agua bendita, y un cuadro alusivo a su misión. El foto-montaje que contiene fue uno de mis trabajos profesionales de aquellos tiempos en los que había que trabajar con ampliadora y máscaras. La era digital estaba aún lejana.

 La talla del Cristo precisaba de una restauración, y fueron los hijos del autor de la misma, los hermanos Noguera, los que la llevaron a cabo durante el verano de 1995.

 También precisaba restauración la fachada del templo, después de haber reparado la techumbre. En otoño de ese mismo año se llevó a cabo.




El 15 de agosto de 2005, festividad de la Asunción, los restos mortales de Don Pedro Pérez García fueron introducidos en una fosa abierta en el crucero del templo, donde reposan desde entonces.


 Nuestro pueblo quiso organizar un año el Día del Nazareno, jornada que se celebra a nivel regional convocando a los cofrades de Semana Santa de todas las poblaciones y ciudades de nuestra comunidad. Ese día termina con una solemne procesión en la que participan todos los asistentes con sus respectivas túnicas, y los organizadores muestran y procesionan sus pasos e imágenes. Por primera vez en su corta historia, el Cristo de la Buena Muerte desfiló a hombros de sus portapasos, por las calles de Alcantarilla y con las luces encendidas. Sucedió el 10 de febrero de 2008.


 De ese mismo mes y año es esta última fotografía donde podemos admirar dos de los tesoros que al inicio de esta página anunciaba que guardaba este templo: su Altar Mayor y la imagen del Cristo.


 Para saber más:
El libro que escribí y publicó la Cofradía del Silencio en 2002 sobre este tema,  y que podéis descargar aquí:

https://www.dropbox.com/s/ovs9noeqggafdxp/Libro%20Medio%20Siglo%20Cofradia.pdf?dl=0





  

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